Cómo sobrevivir a un vecino conflictivo

Se conocieron en el mismo lugar de trabajo, pololearon un tiempo y se casaron enamorados. Una fiesta inolvidable, dice la periodista Alejandra Gajardo, quien recuerda que después de su luna de miel llegaron a su primer hogar, un departamento de 20 pisos, ubicado en Providencia y en el que sus habitantes eran muy heterogéneos: señoras solas, familias grandes, matrimonios jóvenes con y sin hijos.

“En el departamento de abajo habitaba una abogada que vivía con su hijo adolescente. Ella se mostró en un principio muy amorosa, cálida y dispuesta a ayudar en todo. Le gustaba ir a las reuniones de comunidad e insistía que estas debían hacerse más seguido ‘porque somos una familia’, decía. En el fondo se sentía muy sola y quería compañía”, recuerda Alejandra, quien nunca imaginó lo que tendrían que enfrentar con esa vecina “especial”.

Después de 25 años la periodista recuerda con horror todos los sucesos que esta peculiar habitante los hizo vivir. “Todo comenzó una vez que tocó mi timbre a las once de la noche para contarnos que su plancha había hecho cortocircuito y que ella estaba segura de que el sistema eléctrico del edificio estaba mal hecho y que podíamos morir todos rostizados. Después supe por el conserje que esa misma noche la abogada había levantado a otra vecina a quien le pidió, a las tres de la mañana, que la acompañara a mirar los tableros eléctricos”.
Pero esto no se detuvo ahí. Alejandra cuenta que una vez la llamó por el citófono gritándole histérica porque la jardinera goteaba al estacionamiento de autos. “Ella no tenía auto pero una gota de agua la descompensó de tal forma que le dio un ataque de violencia verbal. También me advirtió que me podría demandar por daños y perjuicios porque mis cardenales infectados entraban en la pieza de su hijo. Al final saqué las flores para no tener que regarlas ni desinfectarlas”.
Sin embargo la gota que rebasó el vaso -cuenta la periodista- fue una nueva llamada a la una de la madrugada. “Recuerdo que le contesté asustada y me contó que a su hijo lo habían asaltado en la esquina del edificio y que le habían quitado su reloj. Ella creía que debía advertirme que en el barrio habían delincuentes que podían llegar a ‘raptar niños y asesinarlos’, así que debía tener mucho cuidado con mi guagua, que en esa época ni caminaba. Nunca supe qué pasó con ella ya que al nacer mi hija, nos fuimos a una casa más grande y arrendé ese departamento a una chica que tiempo después lo compró. Jamás le pregunté si tuvo problemas con la peculiar vecina”, cuenta la profesional.
Así como Alejandra son muchas personas las que tienen problemas con sus vecinos. Según Daniela Lastra, docente de la Escuela de Derecho de la Universidad de las Américas (UDLA), los conflictos más comunes que presenta la vida en comunidad son los ruidos y olores molestos, filtraciones de agua o gas, el no pago de gastos comunes, la acumulación de basura, la irresponsable tenencia de mascotas, problemas con estacionamiento o uso de lugares comunes, y construcciones irregulares.

Si bien el hogar debiera ser el templo del descanso para quienes trabajan todos los días, a veces se transforma en un infierno si existen vecinos que no saben vivir en comunidad. “Los conflictos se generan, por lo general, cuando no existe comunicación efectiva entre los participantes de una comunidad, cuando nuestro punto de vista es el que importa y tratamos de imponerlo sobre el resto no logrando un mínimo de respeto o empatía. Está bien que las personas estén en desacuerdo, pues todos tenemos valores, deseos, opiniones y necesidades distintas, pero no por eso el que piensa distinto se convierte en un rival o un enemigo. Debemos desarrollar empatía y nuestra capacidad de dialogar”, explica Benjamín Concha, sicólogo clínico.
Personalidad antisocial, actitud irrespetuosa, arrogancia, aires de superioridad, conducta impulsiva y desajustada, escasa capacidad de empatía y remordimiento, hostilidad e irritabilidad, falta de consideración o escaso aprendizaje de las consecuencias negativas de las propias conductas, son algunos de los razgos que el profesional identifica en un vecino conflictivo. “Estos serían los casos más severos. Hay otras personas que simplemente son más distantes de frentón a la relación interpersonal y tienen una constante actitud de indiferencia, sin embargo, no llegan a ser agresivos”, explica Concha.

Vecinos desconectados
Para René Dintrans, arquitecto de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, en Chile se construye bajo una lógica obsoleta, lo que dificulta las relaciones humanas. “La disminución de metros cuadrados genera hacinamiento, sumado a la precarización de la construcción -el diseño tiende a aislar las casas o unidades- da como resultado que los vecinos solo se conozcan cuando hay problemas. Antes el diseño de las casas, aunque pequeñas en algunos casos, tenían un direccionamiento a un espacio común que hacía que se extendiera la vivienda. Hoy hay pequeñas incidencias que los arquitectos intentan rescatar, como los balcones o antejardines que son el nexo con el entorno y son la proyección de parte de la vivienda al espacio común o el barrio”, explica.
Sobre si existen proyectos arquitectónicos que recuperen la vida comunitaria, René cuenta que está la ‘Cooperativa de vivienda La Borda’ en Barcelona (España), en que se retoma la idea de la autopromoción. “Los cooperados, y futuros habitantes, son quienes dirigen y desarrollan el proyecto mediante estructuras interna que fomentan su participación con reuniones, comisiones de trabajo y una asamblea general, así ya se conocen previo a la construcción. La cooperativa solo tiene el apoyo de equipos técnicos especializados en las tareas que no pueden asumir ellos”, comparte.

Francisca Vilches, integrante de la agrupación cultural Comité Conserva Matta, cuenta cómo incidió el cambio de barrio en su experiencia vecinal. “Ante de venirme a vivir al barrio Matta los últimos cinco años los pasé en un departamento del sector oriente. Yo tenía mi perro salchicha y cuando me conectaba a mi red de internet cachaba que habían otras redes del mismo edificio que se llamaban ‘Que se calle el salchicha’. Claro, mi perro ladraba, pero en vez de venir a tocar mi puerta y decirme tu perro me molesta, me mandaban un funcionario municipal y hostigaban a través de la red. Eso cambió absolutamente cuando me cambié a una casa de fachada contínua. La mayoría de ese tipo de viviendas no tienen patio y eso significa que tienes que relacionarte con las personas en la vereda. Entonces pasé de tener vecinos que me mandaban a decir que mi perro se callara a través de la red a vecinos que me cuidan mis perros. Tanto es el espacio común que se ha generado en la vereda que instalamos una banca para sentarnos a conversar cuando llegamos de nuestras pegas. Ese nivel de empatía se ha traspasado a las esferas personales… Acá cuando alguien tiene un problema todos lo ayudamos”, comparte.
Formas de mediar
Luis Pino, académico de la Escuela de Sicología de la Universidad de Las Américas señala que la relaciones entre vecinos son como cualquier tipo de relación interpersonal y requieren tolerancia a la diferencia, trabajo, acomodo, adaptación, diálogo, paciencia y comprensión. “Uno de los elementos más complejos es reconocer la existencia de un conflicto y que este es dependiente de ambas partes. Una vez que se ha reconocido que eres parte del problema, también eres parte de la solución. Para eso es importante buscar una estrategia para iniciar un diálogo. Este debe ser cordial y no centrado en la satanización de la contraparte. Luego que se ha instalado el diálogo, ofrecer algo que le interese a la contraparte. Y finalmente buscar ceder, para que ambas partes obtengan algo”, señala.
Los problemas humanos dice Humberto Maturana y Ximena Dávila en su libro Historia de Nuestro Convivir Cotidiano, “son siempre conflictos de deseos y, por esto, siempre implican elecciones en el ámbito ético: ¿queremos o no queremos las consecuencias de lo que queremos hacer?” Es por eso que para lograr comunicarnos mejor con aquel que sentimos que ha traspasado los límites, Benjamín Concha entrega acá una guía para enfrentar escenarios complejos con nuestros vecinos:
1) Mantenga la calma
Es cierto que muchas situaciones nos estresan y nos desajustan, sin embargo, aprender a respirar y no enganchar con ellas es importante para que el problema no aumente. A veces antes de intentar un diálogo, es importante ponerle paños fríos a la situación, así evitamos actuar desde la rabia y la impulsividad.
2) Sea empático
Luego de que se logró la calma y que sabemos que no actuaremos desde la ira, podemos pasar a otras estrategias. Una de ellas es comprender al otro desde la empatía, ponernos en los zapatos de la otra persona e intentar comprender el por qué se comporta de aquella manera, qué le está molestando, qué necesidades tiene. Desde allí podemos buscar una solución más precisa a la problemática, haciéndole ver al otro que nos importa y que el fin es lograr una solución al problema.
3) Intente un diálogo
Este debe ser tranquilo, pacífico y no desde la ira. De esta forma permitirá que la otra persona preste más atención a las peticiones que se le están pidiendo, logrará una mejor comunicación que posiblemente generará un cambio. Mantenga la voz baja, responda de manera calmada, ya que si levanta la voz, es probable que el enojo o la molestia de la otra persona vaya en aumento. El diálogo es la herramienta por excelencia para promover cambios y hacer notar al otro que estamos en desacuerdo. Aquí el punto no es hacer sentir al otro como que él es el problema, no atacarlo, sino transmitir cómo es la vivencia del problema para uno mismo.
4) La postura o el lenguaje corporal también es importante
No mostrarse amenazante, manteniendo una postura abierta y relajada, evita que los conflictos o las posibles situaciones de violencia vayan en aumento. En casos de interacción con vecinos o personas agresivas o violentas, mantener el contacto visual con la otra persona, tener una postura pacífica, moverse lenta y calmadamente, permite disminuir las defensas agresivas de quien se tiene en frente. En casos en que esto no funciona, es importante mantener cierta distancia con el otro, permitiendo dar espacio para la reacción y mantener algo de protección si el otro actúa de manera inadecuada.
5) Busque alternativas
Evaluarlas y elegir la o las mejores soluciones en conjunto con la persona que se tiene el conflicto es un paso importante para el manejo de este. Esto permite que ambas posturas sean escuchadas y genera la sensación de que “lo que creo o lo que opino se está tomando en cuenta”. Buscar soluciones a través de una actitud cooperadora, donde todos los implicados salgan ganando, permite hacerlos sentir bien y mantener su autoestima. Es importante tener presente que los conflictos son inevitables en las relaciones con otros, por ende, es importante aceptar su existencia como algo normal y aprender a manejarlos de manera constructiva y no destructiva. Lo importante aquí es ser asertivo.

Fuente:Latercera.com

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