El costo de la crisis en las redes sociales

El estallido social que partió el 18 de octubre, no es solo en las calles. La interacción en servicios de mensajería, como WhatsApp no ha sido indiferente a la situación país. La actividad de los chat ha sido intensa. Y en los grupos aún más.
La forma en que interactuamos está en constante evolución.  Y ya es un hecho que WhatsApp se ha convertido en el medio más comúnmente utilizado, incluso superando las interacciones cara a cara.
Cuenta con más de 1.600 millones de usuarios en todo el mundo. Es a su vez, la más usada en Chile. Un 88,2% de los chilenos admite conocer la plataforma y un 79,4% la usa, según la IX Encuesta Accesos y Usos de Internet, de la Subsecretaria de Telecomunicaciones, Subtel.

Es efectiva. Podemos comunicarnos sin limites de distancia y con varias, muchas, personas al mismo tiempo. Familia, amigos, ex compañeros de colegio, vecinos, son un largo etcétera de posibilidades. Más interacciones y también más posibilidades de comunicaciones erróneas, interpretaciones, enojos e incluso abandono de los grupos por diferencias de opiniones.
El escenario nacional instaló además un tópico no siempre grato a la hora de dialogar: política. El ambiente social y los acontecimientos que se han extendido por semanas, han dado paso a mayor susceptibilidad y menos tolerancia a comentarios que quizás en otro momento se habrían dejado pasar, en resguardo de la amistad o el cariño.
Ahora ha sido diferente, comenta Daniela, que a los pocos días de que partiera el estallido social abandonó el chat familiar, “conformado por las personas que más amo en el mundo, pero me salí”.
La crisis cambió las cosas y también su tolerancia, dice Daniela. Todo partió cuando uno de sus primos empezó a enviar información de forma reiterada que alertaban sobre una situación de vandalismo y alarma, “y yo no decía nada”, cuenta. Pero su paciencia se agotó. “No alcancé a estar una semana desde que empezó todo, hasta que envió un video que se hizo viral, sobre lo terrible que era la delincuencia y que íbamos a llegar al caos total. Por mi salud mental, me salí”.
“No me dijeron nada, yo vivo en un condominio familiar, donde hay varias casas  familiares, ese chat es de ellos”, comenta. Saben cual es su postura sobre esos temas, asegura Daniela. Luego del abandono del chat, se sintió mucho mejor, “te daña ver que personas que amas tienen otras prioridades en la vida, más allá de la crisis social,  expones tus valores más profundos, el valor de la vida por sobre el valor de las cosas, y eso me dolía ene”.
Las diferencias políticas siempre estuvieron. “Yo sabía que tenían una postura y tendencia, pero no se notaba, y ahora se hizo evidente. Almorzábamos todos los domingos juntos y ahora no. Nos hemos juntado en cumpleaños, pero ya no es la rutina familiar que teníamos“, señala Daniela.
Similar situación vivió Pablo. Integraba un grupo de WhatsApp de amigos creado para coordinar juegos de póker. Son amigos desde hace más de 20 años. Pero intempestivamente el estallido social dejó en evidencia posiciones políticas difíciles de conciliar, incluso con el juego.
Se cansó de aquello, asegura Pablo. La principal razón es la intolerancia de las partes, independiente del color político, explica. “Creo que no es momento para seguir polarizando la crisis y juntos debemos llegar a acuerdos para poder salir adelante. Además, todo lo que está pasando en el país me tiene muy afectado emocionalmente, nunca pensé que podríamos vivir una situación como esta. Y como tal, todo lo que pasa en redes sociales me afecta y prefiero marginarme un poco de tanto odio”.

Salir del grupo también fue la opción para Pedro (nombre cambiado). Se salió del chat grupal de la universidad, creado hace un año y de una generación que dejó de verse hace más de 20 años. “Fue una buena instancia para reencontrarnos y saber cómo estábamos”, dice. Pero las actuales condiciones sociales torcieron un poco su fin. Las ideas políticas afloraron y con ellas, algunas posturas se radicalizaron. “Por eso opté por salirme, para evitar pelearme con alguien”, resume el periodista.
¿Tolerancia?
Los casos son ejemplos que lo más probable se repiten en estos días. Hoy es el tiempo de la mensajería instantánea. Método que también hace cuestiona qué ocurre con la intimidad social, sin el habitual cara a cara.
Sitios de mensajería instantánea como WhatsApp, muestran estudios que se han centrado en los efectos psicológicos de esas plataformas, causan emociones negativas en los usuarios, como ansiedad, culpa, presión, distracción, vergüenza, sospecha y confusión. Es lo que determinó el estudio de 2012, Instant Messaging on Interpersonal Relationship: How It Brings Intimacy and Negative Feelings?, de especialistas de la Universidad  China de Hong Kong
Los síntomas de esas emociones negativas, determinó el trabajo, incluyen preocuparse y una disminución de la autoestima cuando los usuarios se enfrentan con respuestas largas, también presión para responder a los mensajes de inmediato, la desconfianza en la relación con quién está contactando otra persona, y confusión con respecto a cuál es el significado previsto del mensaje, y más.
WhatsApp, también podría crear barreras de comunicación con diferentes interpretaciones de un mensaje que pueden dar lugar a una amplia gama de emociones negativas. “Es un medio muy complejo, un error mayor que podemos cometer es el de suponer que funciona como un diálogo corriente cara a cara”, dice Lucio Gutiérrez, psicoanalista y doctor en psicoterapia de la Universidad Católica.
WhatsApp limita la comunicación a lo escrito, estableciendo secuencias de frases que simulan una conversación oral. Pero es una forma de diálogo muy pobre, aplanado, muy poco “diálogico”, destaca Gutiérrez, en el sentido que no tenemos entonación, acentuación, rasgos sonoros ni comunicación no verbal, entre otros. “Algo ha intentado suplir con los ‘emoticones’ y las grabaciones de voz, pero en lo central sigue igual. También, las conversaciones pueden ocurrir en tiempo real (aquí y ahora) o extendidas en el tiempo, y a veces mezcladas”.

El factor de tiempo transcurrido añade incertidumbre. “Adicionalmente, el hecho que las frases queden como texto, producen una sobre interpretación y una lectura a posteriori de lo ya dicho”, agrega el especialista. Por ello, tolerar los conflictos que surgen de diferencias de opinión se hace mucho más complejo. “Prima la proyección/imposición de las propias significaciones emocionales por sobre el sentido de lo expresado por el otro. Es común observar, ante las diferencias de opinión, un lectura defensiva – persecutoria de las intenciones del otro”, explica.
En el caso de los grupos, es muy frecuente que las personas son incluidas en grupos de WhatsApp en los que no desean estar. Y tienen conflictos con salirse de ellos, dice Gutiérrez, porque tienen la impresión que salirse pasa a ser una agresión o desaire al grupo. “Es un efecto grupal, intensificado por el medio virtual. También, vemos, personas que no toleran la disidencia dentro del grupo y se auto-expulsan asediados por ansiedades persecutorias (ejemplo, sentirse atacados por una persona o el grupo, desvalorizados, excluidos, etc.)”.
¿Es posible superar el quiebre? Daniela reconoce que no está preparada para hablar. “Aún siento que me duele mucho, me siento muy diferente. Que a algunas personas no importen los muertos, pero sí las cosas materiales. Porque las cosas materiales de alguna forma se van a recuperar, pero esas vidas no. Esto tiene que ver con qué es lo más importante para ti, la vida de alguien o que una cosa se dañe, son valores profundos. Siempre los quise así, pero ahora por la sensibilidad que ha generado en mí este movimiento social, no puedo estar ahí, porque no me hace bien, espero que ya no me duela tanto”.

Fuente: www.latercera.com

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