Octavo Concierto de la Orquesta Sinfónica será dedicado a Brahms y Dvořák

Un encuentro musical que estará lleno de emociones y recorridos intensos, dedicado a dos compositores que marcaron la historia de la música a nivel mundial.

El Octavo Concierto de la Orquesta Sinfónica de Antofagasta tendrá solo dos obras, de los compositores Johannes Brahms  y el checo Antonín Dvořák respectivamente. La cita es el viernes 12 de octubre a las 20:30 horas en el Teatro Municipal de la Corporación Cultural de Antofagasta.

Las invitaciones gratuitas serán repartidas desde el miércoles 10 en el mismo recinto de 8:30 a 13:00 y de 15:30 a 20:00 horas. Un repertorio que pasará con el “Concierto para piano y orquesta N°1” del alemán Brahms y cerrando con la “Sinfonía N°7” de Dvořák. En esta ocasión, esta propuesta musical será dirigida por el argentino Carlos Vieu, quien viene directamente desde Buenos Aires y la solista en piano como es la alemana Beatrice Berthold.

Un concierto que se enmarca en la Temporada 2018 y que es presentada por Minera Escondida / BHP y la CCA, siendo acogida a la Ley de Donaciones Culturales.

 

Programa

Sobre la primera obra que se interpretará, Brahms era bastante joven cuando se embarcó en la creación de su primer concierto para piano. Tomó una composición para dos pianos, cuyo material a su vez había sido pensado para una sinfonía (Brahms no haría una sinfonía hasta la edad de 43 años).

Llama la atención por sus proporciones: casi una hora de duración, y desarrollo del material musical que pareciese de un compositor más experimentado. Pero el joven Brahms ya había sido anunciado por Schumann como el genio alemán que trascendería. Y así fue.

En cuanto a estilo, esta obra refleja el lenguaje personal de Brahms pero con hartos rasgos de Schumann, quien fue su mentor. El inicio del primer movimiento (Maestoso) hace honor a su denominación, es grandioso, épico, y fija la atmósfera que seguirá durante veinte minutos. Hay alusiones a los corales luteranos (fe del compositor), y la exposición inicial se repite con mayor dramatismo al final.

En la partitura, sobre el segundo movimiento, Brahms escribió: “Benedictus qui veni in nomine Domini” (Bendito el que viene en nombre del Señor). No existe claridad si es una alusión a Schumann, pero este fragmento tiene algo de meditación religiosa. El rondó final (3er movimiento) es introducido por el piano en solitario. Hay virtuosismo, drama, y el espacio para el lucimiento total del solista con la cadenza (episodio de piano solo de un concierto).

 

Dvorak

Mientras que la segunda parte, tendrá la composición de Dvorák. Justamente el compositor escribió acerca de su Octava Sinfonía: “Deseo hacer una obra distinta a mis otras sinfonías, con ideas individuales que funcionen en una manera nueva”. En efecto, esta pieza, aún cuando es propia de su autor, y es amada por las audiencias, es inusual en cuanto a la organización de su material musical.

El compositor ocupa un breve fragmento melódico de tres notas como la semilla temática de los cuatro movimientos. En el primero juega con las armonías, hace alusiones al canto de las aves en el solo de flauta, pero siempre con su distintivo sonido checo, inspirado por las danzas rurales de su país. Mientras que en el Adagio, el ritmo determina el contorno melódico de un discurso musical evocativo y melancólico.

Dvorák provocó un shock en los puristas de la época, al reemplazar el tradicional scherzo por un vals como tercer movimiento. En cuanto a carácter dista del vals vienés, y es auténticamente checo. El Finale es magistral en cuanto a como Dvorák toma melodías y las varía, las junta, las deconstruye, en un brillante cierre de una obra maestra.

 

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